Adolfo Eraso
¿Quién soy?
Nací en Estella (Navarra) el 8 de Agosto de 1934. Allí, muy pronto, algunas circunstancias marcaron mi trayectoria vital. Uno de mis primeros recuerdos era cuando unos señores mayores, los amigos de mi padre, muy grandes incluso cuando estaban sentados alrededor de la mesa camilla jugando a las cartas, hablaban sobre la Sierra de Urbasa. Alguien dijo: “pues allí hay una cueva que debe ser muy grande, porque nadie ha logrado llegar al final…”. Esas palabras marcaron para siempre mi interés por la espeleología.
Junto a Estella, al otro lado del río Ega había una montaña de yeso. Era el diapiro de Estella. Esa montaña constituyó durante mi infancia el principal lugar de mis juegos y fantasías. Allí había cristales de pirita, cuarzos rojos, teruelitas, aragonitos y mucho yeso. También había pequeñas cavernas y un manantial salino. Hurgando en la biblioteca de casa hallé un pequeño atlas portugués de mineralogía, descubriendo con sorpresa que allí estaban todos mis minerales y aún había muchos más, cada uno con su nombre y su formulación química. Ese críptico lenguaje que combinaba letras y números me impactó. No comprendía nada y las numerosas preguntas que hice a aquellos señores, que ya no eran tan grandes, no me sirvieron para nada.
Cuando a los 11 años me internaron en un colegio de Vitoria para continuar estudiando, me sentí muy infeliz al principio, pero pronto conecté con el profesor de ciencias, quien con gran cariño y paciencia me transmitió, incluso fuera de clase, mis primeros conocimientos de mineralogía y química.
Al terminar el bachillerato fui a Madrid para estudiar Química en la Universidad Complutense. Transcurría el 2º curso de la carrera cuando muere repentinamente mi padre. Y a partir de ahí no había ya dinero en casa para que yo pudiera seguir estudiando, así que tuve que empezar a buscarme trabajitos de todo tipo para poder financiarme. Como siempre había tenido facilidad para la música entré en la Tuna y fue en ella, o mejor dicho, en la picaresca que ésta lleva asociada, donde encontré la solución para mi supervivencia.
En esta época dura, crecí interiormente mucho. Fui consciente de que sabía lo que quería, de que siendo un vocacional, mi trayectoria a seguir estaba clara. Aprendí a utilizar la renuncia para seguir el que era mi camino, disfrutando al sentirme más libre después de haber elegido en cada encrucijada.
Etapa de petrolero
Terminé la carrera y conseguí una beca para trabajar como químico en una empresa alemana. Estudié tres meses ese idioma con uno de esos métodos que no precisan profesor. Al pasar por Estella, camino de Alemania, coincidí con un extranjero en una tienda que intentaba infructuosamente hacerse entender. Supe que era alemán por una interjección que se le escapó, y entonces le ayudé con el objetivo de practicar mi incipiente alemán. Congeniamos. Resultó ser un ingeniero de una empresa petrolera que iba a comenzar a prospectar en los bordes del diapiro de Estella. Sabiendo de mi titulación académica, me contrató…, ¡eran otros tiempos!
Estuve 10 años con ellos en diferentes consorcios empresariales, Deillmann Bergbau-CIEPSA, CIEPSA-Gulf Oil Company, CIEPSA-Petrofina, siempre en el Departamento de Perforación. Aprendí a estabilizar terrenos mediante el uso de lodos de perforación, incluyendo el mantenimiento de grandes presiones surgentes incluso mientras se perfora. Viví cuatro erupciones violentas de gas metano, que logramos solventar, en el área de Vitoria. Mi frecuente diálogo con los geólogos de pozo me sirvió para constatar mi interés por la Geología, descubriendo que el laboratorio que realmente me interesaba era el de la naturaleza. Comencé a matricularme en alguna de las asignaturas de Geología, cursándolas unas veces en Oviedo y otras en Barcelona, según la proximidad a las perforaciones en las que me encontraba en cada momento. Progresaba lentamente ya que me veía obligado a perder bastantes convocatorias, pues el trabajo de petrolero funciona las 24 horas al día. Al mismo tiempo iba adquiriendo responsabilidades crecientes en la empresa y apenas contaba para mis estudios de geología con breves periodos de tiempo libre.
Etapa en AGROMAN
Estando dirigiendo los sondeos petrolíferos de Riudaura en Olot, como Jefe de Misión del antiguo Departamento de Perforación en CIEPSA (ahora llamada Compañía General de Sondeos), sucedió algo especial.
Una gran empresa constructora con sede central en Madrid me vino a contratar. Tenían que realizar unos sondeos de gran diámetro (2 metros) en Viveros de la Villa, para realimentar el Manzanares. La empresa era AGROMAN y mi cometido sería dirigir el Departamento de Sondeos de una de sus filiales, KRONSA. No lo dudé ni un minuto pues en Madrid dispondría del suficiente tiempo libre para graduarme en Geología. El ganar menos dinero no me preocupó.
Ya en Madrid, completé mis estudios de Geología con algunas dificultades administrativas, debido al plan de estudios en el que estaba mi expediente académico. Dificultades que se fueron solventando y tras unos años de espera y una convalidación especial tuve acceso a cursar el doctorado en Geología.
Mientras tanto, mi trabajo en AGROMAN iba viento en popa. Dentro de la División de Investigación y Métodos, me encargaron organizar y dirigir el Departamento de Geología Aplicada, Reología y Geotecnia.
Unión Internacional de Espeleología
En este tiempo, mi promoción en la Unión Internacional de Espeleología (UIS) era ya muy destacada. Creamos una Comisión Internacional de Físico-Química e Hidrogeología del Karst, que dirigí durante ocho años. Otros tantos dirigí el Departamento Científico de la UIS, llegando a presidir dicho organismo (UIS) a continuación y consiguiendo que durante mi presidencia alcanzara el carácter de ONG con categoría B dentro de UNESCO.
Durante este periodo, mis compañeros de AGROMAN me consideraban un privilegiado, pues la empresa me financiaba cada año, tres o cuatro periodos de quince días, para que pudiera atender mis obligaciones dentro de la UIS.
Estuve 20 años en AGROMAN, fue un periodo muy bonito y creativo del que tengo interesantes recuerdos, pues gran cantidad de proyectos ya realizados en algunos países árabes y en muchos países de América Latina, tienen un informe geológico-geotécnico en el que he tenido la suerte de participar.
España en la Antártida
También en esa época realicé mi primera expedición polar en 1985 a Svalbard, a la Base Ártica Polaca de Horsund. Fue el inicio de una larga y fructífera colaboración entre mis colegas polacos de la “Wyprawa Polarna” y la Asociación “España en la Antártida” (AEA). Se trata de una ONG de financiación privada cuya gestión se me encomendó como Vicepresidente Ejecutivo y que fue creada tras la Expedición Española “Idus de Marzo” en el verano antártico de 1982-83.
Con el objetivo estratégico de que España adquiriese el estatus de miembro de pleno derecho del Tratado Antártico, la AEA organizó y financió el 1er Simposio Español de Estudios Antárticos en Palma de Mallorca en 1985. Simposio al que fueron invitados, cubriendo gastos de viaje y estancia, tres científicos del Consejo superior de Investigación Científica (CSIC) de Barcelona. Se realizó un convenio de colaboración con el CSIC, organismo al que la AEA trasladó la propuesta de la Wyprawa Polarna. Dicha propuesta consistía en un proyecto ecológico-glaciológico común de ambos países, en apoyo logístico para el transporte del material de la futura Base Española utilizando algunos de sus barcos en sus viajes a la Base Antártica Polaca Arctowski y en un primer mapa topográfico del entorno del emplazamiento donde ahora ya está construida la Base Antártica Española.
El listado de todas las cosas menudas lo realizamos en mi casa de Martín de los Heros en Madrid, por cuatro miembros de la AEA, tres de los cuales habían participado en la citada expedición de 1982-83: el que sería el primer jefe de la Base Antártica Española (teniente coronel), el radiotelegrafista (que posteriormente sería el jefe de la Base durante el segundo verano, cuando ya España había entrado en el Tratado Antártico como miembro de pleno derecho) y el ingeniero de mantenimiento que estuvo participando en varias campañas estivales. Este material complementario se pudo adquirir en el Corte Inglés con la financiación de la Dirección General de Cooperación Técnica Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores.
De nuevo a empezar de cero. STATTKRAFT
Corría el año 1987 cuando tuve que dejar la empresa. Un dictamen judicial por una separación matrimonial ocurrida en la etapa previa a la transición española, me bloqueó el sueldo bruto! Fui consciente de que tenía que empezar otra vez de cero, pero como la vida ya me había enseñado a hacerlo antes, en vez de preocuparme, comencé directamente a ocuparme de ello.
Me di de alta como autónomo y empecé a asistir a congresos internacionales presentando trabajos en temas relacionados con los problemas del agua en la ingeniería civil y minera.
Ese mismo año, la división de ingeniería civil de una gran empresa noruega, STATTKRAFT, que entonces era estatal, me contrató como asesor para un gran proyecto. Se trataba del aprovechamiento de los recursos hidráulicos del casquete glaciar Svartisen, situado en el Ártico Noruego. Me entusiasmó, pues para entonces ya había iniciado mis investigaciones en los glaciares. Pensé quedarme ya el resto de mi vida en esas latitudes…, pero la vida es veleidosa.
Profesor en la Politécnica de Madrid
Estando en Noruega, me llamaron de la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid, pues querían hablar conmigo con bastante urgencia. Bajé a Madrid donde me informaron que una plaza de Profesor Titular de Hidrogeología quedaba vacante, y parecía ser que mi perfil era el más adecuado.
En la entonces Cátedra de Hidrogeología, se comprometían a reemplazarme en la enseñanza mientras yo tuviera expediciones polares, haciendo yo lo propio con las ausencias de los otros. Aunque el sueldo era irrisorio comparado con los niveles nórdicos, accedí a probar durante un curso completo. Después del cual, descubrí con gran sorpresa el entusiasmo de los alumnos en las clases. Me gustó y me quedé.
He ejercido de profesor en la Escuela de Minas durante 17 años, hasta mi jubilación en 2004. Todavía sigo en ella, ahora bajo la figura de Profesor ad Honorem, colaborando en una asignatura de libre elección en 2º ciclo, “Hidrogeología kárstica y de medios anisotrópicos” y continuando con mis investigaciones, centradas ahora en el Proyecto GLACKMA.
El deporte
Durante mi época de adolescente y después como estudiante, he practicado pelota vasca, ciclismo, atletismo y rugby. Este último me gustaba mucho, seguramente porque no se me daba mal. Sin embargo, a lo largo de toda mi vida, y con el objetivo de poder acceder a lugares difíciles he practicado buceo, escalada y espeleología, cuyas técnicas conozco a un nivel aceptable.
Quiero destacar la espeleología, porque fue y sigue siendo una constante de mi vida. Todavía me entusiasman los grandes abismos verticales y al haberla practicado desde hace ya más de 60 años, por tanto antes de que se pusiera de moda, he tenido la suerte de haber participado en el descubrimiento pionero de grandes enrejados de cavernas, de numerosos ríos subterráneos y de algunos hallazgos arqueológicos.
La exploración de cavernas en el hielo, tanto endoglaciar como subglaciar, me sigue entusiasmando, y no creo exagerar si afirmo que así continuaré toda mi vida.
¿Por qué Karmenka?
En la organización de una expedición glaciológica, a los nuevos participantes les pido que cumplan dos condiciones.
Primera: “Que el riesgo objetivo sea mínimo”. Tanto al descender los “moulins” para penetrar en el interior de los glaciares siguiendo los pequeños cursos de agua, como en los grandes recorridos sobre el glaciar, aprendiendo a leer las trampas de nieve que enmascaran las grietas en éstos.
Segunda: “Que mientras dure la expedición los objetivos de la misma sean prioritarios a los personales”.
Del casi centenar de personas que han participado conmigo en expediciones a glaciares, solamente seis han cumplido suficientemente ambas condiciones. De ellos, cinco tienen dificultades para compaginar sus obligaciones profesionales en empresas privadas con las expediciones. Queda Karmenka.
Y hablando de ella, es muy resistente físicamente y capaz de soportar el frío de manera muy similar a la mía. Se fija con gran detalle en todas las labores que realizamos y las aprende rápidamente. Su disposición, se puede decir que es máxima.
Su formación académica y trayectoria profesional las considero especiales. Es experta en ciencias deductivas, formación complementaria a la mía que es más inductiva, proviniendo de las ciencias experimentales (química), de la evolución de los procesos meteóricos (termodinámica aplicada) y de las ciencias de la naturaleza (geología). Ella deduce y yo induzco. Para ambos, los datos son fundamentales y somos conscientes que hay que tomarlos “in situ”, y mejor si son series temporales, pues constituyen una base empírica robusta para poder aplicar los nuevos modelos matemáticos. Por eso ambos somos codirectores de GLACKMA.