Últimos comentarios

Selecciona una categoría:

Blog: Karmenka desde los Polos

  • Final de la metamorfosis

    No quedan muchos trabajos para terminar esta restauración completa del Tornado 31, que hace cinco años recibí como regalo de un buen amigo. La etapa final es más larga de lo planeada, no por las labores a realizar, sino por el tiempo que no les puedo dedicar.

    Pero agradezco que sea así, pues esta elongación me permite ralentizar, frenar las prisas, continuar con mi paciencia como compañera inseparable, disfrutar del futuro inmediato, saborear la magia de traer un sueño a la realidad, imaginar cómo será ese momento en que el velero acaricie las aguas del Cantábrico, emocionarme al ser consciente de que dos de mis lemas los he ejercitado habitualmente en estos años de astillero:

    “El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”

    “Solo tres cosas en pos de tus sueños: ilusión, perseverancia y paciencia”

    Visita al pantalán en el puerto. Hay que empezar a prepararlo. Tiene que estar listo para cuando llegue el momento tan especial. El hueco vacío. Mi mente juega, recuerda, imagina. Con toda claridad veo al velero completamente desarmado por dentro y por fuera, al inicio de la etapa de astillero. A toda velocidad pasan ante mí los diferentes trabajos realizados, infinidad de momentos de desesperación con sus correspondientes triunfos. Circula todo muy rápidamente pero con mucha claridad y detalle. La emoción me inunda… La mente sigue su rumbo y difumina las imágenes anteriores para visionarlo ahora, amarrado en el pantalán. Y entonces sonrío y lloro a la vez… Estoy a punto de conseguirlo…

    “No es más que un velero”, pensaréis vosotros. Pero yo sé que es mágico porque lleva parte de mi alma y va a brillar con luz propia. Y si no me creéis, dad tiempo al tiempo...

    Solo os puedo decir una cosa: “Haced lo que tengáis que hacer para perseguir vuestros sueños”. Merece la pena vivir así…

    • Final de la metamorfosis

    Etiquetas:

  • Hoy, picnic con Karmenka

    Esa frase puede mover montañas… ¿Por qué?

    Tenéis que recordar antes o leer -si no lo habéis hecho- el artículo de hace unas semanas: “El alma de los Jarales”. Una de las actividades con los escolares en la sierra, fue construir un hito, un monolito donde cada uno colocó su piedra. En el momento de hacerlo, se recordó a los pequeños que un hito es esa señal permanente que permite indicar una dirección, que ayuda a marcar el rumbo en la montaña. Al terminarlo, decidieron bautizarlo como Karmenka.

    Pues bien, casi un mes después, Inés -una de las maestras con una vocación ejemplar- me manda un mensaje con una foto en la que se ve a un pequeño sonriente, sentado delante del monolito con su mochila, sacando la comida. Había ido allí acompañado por su familia, que son quienes envían a Inés esta sencilla frase con la foto: “Hoy, picnic con Karmenka”.

    Fue verlo, leerlo y a modo de borbotón una emoción profunda me invadió y salió al exterior. Hay mucho detrás de esa frase, de ese hecho, de ese picnic…

    Hay un pequeño ilusionado, una familia involucrada y una profesora que se llena de satisfacción al ver que “no todo está perdido”… y por supuesto, hay una Karmenka que lo vive y le llega al alma, y se emociona y llora. Llora porque no puede aguantar tanta emoción.

    Pasado ese primer impacto, sonrío -todavía con lagrimas brotando de los ojos-.

    Es tan bonito sembrar sin esperar recoger nada…

    Y soy totalmente consciente de que entre plantar y cosechar, existe un regar y esperar.

    Y esa frase: “Hoy, picnic con Karmenka”, me hace vibrar y soñar despierta. Me revela que la cosecha va a ser buena…, que debo continuar sembrando.

    Y…, sencillamente, GRACIAS.

    • Hoy, picnic con Karmenka

    Etiquetas:

  • 05/05/2018

    - Emoción , velero

    3 comentarios

    Testigo de un diálogo interior

    Una vez más compruebo que la mente es tremendamente poderosa y maravillosa. Los entresijos que hay en ella son únicos.

    He sido testigo de algo que presiento me va a ser muy difícil describir. No obstante lo voy a intentar. Algunos podéis incluso pensar que es fruto de la imaginación. Pero os aseguro que lo viví desde fuera, tenía la sensación de estar cómodamente sentada en una butaca y frente a mí, la gran pantalla de cine con lo que ahora os trataré de transcribir. Eso sí, estaba en primera fila y la sala de cine estaba vacía. Percibía que era una escena que se había rodado solo para mí.

    Para poneros en situación y que entendáis la breve secuencia, os tengo que describir mi sentir en la última semana. Mi interior estaba desasosegado, intranquilo. Le faltaba la paz y la armonía que habitualmente le acompañan. Imaginaros un mar agitado en plena tormenta…

    Ese era mi interior, y mi cuerpecito se levantó a las 6:30 de la mañana. Tras un buen desayuno se fue a trabajar al velero. Haciendo cosas sin cesar y antes de la parada para comer, decidió llevarme a correr descalza por la playa, jugueteando con las olas que llegaban a la orilla. No quiso pasar de la hora de carrera, pues en mente estaba la lista de trabajos pendientes en el barco. Apetecía quedarse un rato recreándose con el movimiento del agua en la arena, pero esa ponderación que no sé dónde habita y me acompaña perennemente, decidió que ya era suficiente.

    Regreso al velero. Una ensalada campera que me había preparado la noche anterior, me hace recuperar la energía y saboreando una infusión de menta con un poco de tranquilidad, apareció otra vez esa lista imaginable -pero real- de cosillas que me quedan por terminar antes de echar el barco al agua. El deporte, el mar, las olas, sentir la arena y el agua con los pies descalzos… me habían permitido percibir un poco la calma de nuevo, y sin embargo ahora, con la visión de esas tareas pendientes, parecía disiparse en un segundo.

    Ahí, justo en ese momento, con mi taza de menta en la mano, presencié esta escena en el cine. Solo hay dos personajes, mi razón y mi subconsciente.

    “La razón cree que la etapa final en el astillero es infinita. Está convencida de ello.

    Vaya, -pienso para mis adentros-, mira que utilizar el infinito, mi símbolo matemático preferido…

    El subconsciente no me permite hacerle caso. Confía en tu intuición, me insiste. Lo inagotable es la etapa que comenzarás y lo incalculable serán las sensaciones que tatuarán tu alma en breve. No pierdas la paciencia ahora.”

    De la misma manera que en una película te quedas sentado un rato al final, aguantando la emoción mientras pasan los primeros créditos de la misma, así me quedé yo.

    Y, ¿qué ocurrió a continuación? Percibía que la serenidad, la calma y la quietud volvían a conquistar mi interior. “¡¡Bienvenidas!! Os echaba de menos”, les dije emocionada.

    La tormenta había cesado y la mar estaba como un espejo…

    • Testigo de un diálogo interior

    Etiquetas:

  • Un viaje en el tiempo

    Guardar un instante en el tiempo pero una inmensidad en el alma. Una foto es solo una foto, un recuerdo, un instante, una captura… Sin embargo esa imagen puede ser mágica porque te transporta a un mundo de sensaciones experimentadas en el momento de realizarla. 

    La naturaleza me fascina -ya lo sabéis- y dentro de ella, el mundo polar para mí es indescriptible. Buscando fotografías para una próxima conferencia, me detengo ante ésta. ¿Por qué? No lo sé. Solo soy consciente de que mi mente en cuestión de milésimas de segundo, emprendió un viaje en el tiempo y hurgando dentro de mí aparecieron infinitas sensaciones, emociones que habían quedado tatuadas en mi esencia. 

    Es una imagen sacada desde un barco, navegando por la zona de la Península Antártica hace algunos años. No sé si a vosotros os puede evocar algo: paz infinita, majestuosa serenidad, radiante quietud, felicidad profunda… No lo sé. Por si acaso podéis hacer un paréntesis en este estresado mundo y disfrutar de un rato de relax, os la dejo aquí. 

    • Un viaje en el tiempo

    Etiquetas:

  • El alma de Los Jarales

    Querer describiros con detalle la jornada que viví en el Centro Rural Agrupado Los Jarales -que abarca las localidades de San Miguel de Valero, San Esteban de la Sierra y Valero en la provincia de Salamanca- es imposible. Cualquier escrito no reflejará jamás lo allí vivido. He pensado mucho qué podía hacer para compartir con vosotros la magia que nos envolvió y creo que de esta manera elegida vais a poder percibir algo. Os dejo en imágenes una galería de fotos de las distintas actividades realizadas y en este texto os las describo un poco. 

    Comienza un fantástico recibimiento en el patio del colegio de San Miguel de Valero, donde se juntaron los pequeños entre 3 y 11 años de los diferentes pueblos con los profesores que los acompañaban. Todos a mi alrededor me regalan un abrazo gigantesco e inolvidable. Emotiva bienvenida, mis lágrimas tuvieron vía libre, no pude hacer nada para retenerlas. Me habían pillado por sorpresa… 

    Una primera proyección con el ordenador en la que los llevo conmigo a explorar el interior de un glaciar. Equipados con sus cascos y equipos de verticales -la imaginación en los pequeños es fantástica, no me costó nada vestirlos así-, entramos en los conductos que se generan en el interior del hielo azul. Hicieron una fantástica exploración llena de aventuras, nos mojamos con el agua que nos caía a 0ºC de las cascadas de ese hielo que se funde, clavábamos con fuerza nuestros crampones en el hielo, descendimos por los pozos del glaciar hasta que el más pequeño de ellos no cabía por los conductos que se iban haciendo cada vez más angostos… y al final, salimos todos a la superficie otra vez, dejando ese hermoso color azul del interior de los glaciares allá abajo. 

    En el cole tienen la bandera de la paz, en la que cada visitante que puede añade esa palabra en un idioma diferente. De los que yo algo controlo y en los que no la tenían todavía escrita, fue en ruso y en holandés. Así que las incorporé en la bandera, les hablé del alfabeto cirílico para el ruso, y aprendieron a pronunciarla en esos dos idiomas. Una vez más, se dan cuenta que lo de hablar varios idiomas es fundamental. 

    Me acompañó una mochila mágica, de la que empecé a sacar algunas cosillas polares de la vestimenta que allí empleo, así como algunos minerales de aquellas zonas. Pudieron tocar todo aquello e incluso probar para ver cómo les quedaba, tanto los pequeños como los grandes… 

    El sol brillaba en el cielo con fuerza y nos acompañó durante la excursión a la cantera, que es un batolito de granito de los muchos que afloran en esa zona. Allí, sentados en una lona multicolor que contagia alegría, continuaron los pequeños resolviendo sus dudas, preguntas y curiosidades. 

    Y después… construimos entre todos un hito. Cada uno colocó su piedra. Bonito símbolo, el hito, esa señal permanente que permite indicar una dirección, que ayuda a marcar el rumbo en la montaña. A ese hito lo bautizaron como Karmenka. Otro momento emotivo…

    Regresamos al cole y cada uno de ellos me hace un dibujo, escribe mi nombre en él y me lo firma. Terminamos reunidos otra vez en un coro en el patio, tal y como empezamos la jornada. Ahora cada pequeño me iba dando las gracias… y como no puede ser de otra manera, yo a ellos también. 

    Os imagináis que a lo largo de la jornada la cercanía con los jóvenes expedicionarios fue tremenda y la cantidad de anécdotas vividas ha sido increíble. Yo llevé una mochila llena de objetos para enseñarles, pero me vine con una mochila llena del alma de Los Jarales. 

    ¡¡Millón de gracias!! Y no os olvidéis nunca de los “deberes” que os puse… 

    Ver galería

    Etiquetas:

  • Cuando los vientos empiezan a cambiar

    Describo uno de esos momentos en los que sientes que estás ante un obstáculo infranqueable. Te has entregado en cuerpo y alma para intentar conseguir un sueño, y no sabes qué pasa al final, cuando ya casi está… ¿por qué el último tramo se presenta imposible?

    Has hecho todo lo humano y podría decir que casi, hasta con ciertos matices inhumanos. Esfuerzo y pasión a raudales… y paciencia, mucha paciencia. Entendiendo que no es esa paciencia de aguantarse, sino de adaptarse al ritmo natural del proceso. Esos han sido los bártulos que llevabas en la mochila durante todo el tiempo.  

    A lo largo de este camino te has encontrado con una lista innumerable de obstáculos. Has aprendido a verlos como desafíos que te han ayudado a crecer, a evolucionar, a confiar en tus capacidades.

    ¿Por qué este final tan empinado? Yo creía que alcanzaba ya la cumbre y sin embargo la cima se hace inconquistable. Surge una frustración que te hace creer que esa meta se va alejando conforme te has ido acercando a ella. Llegas ya extenuado al último tramo y estás a una milésima de tirar la toalla.

    Hasta aquí está claro el proceso, a partir de este momento no lo entiendo. Hay algo dentro de ti que te ayuda a cambiar esa frustración inicial por un “seguir creyendo en tus posibilidades”. ¿Por qué y cómo? No lo sé.

    Y entonces algo mágico ocurre, de la noche a la mañana los vientos empiezan a cambiar y poco a poco los vas teniendo favorables. De repente visualizas tu sueño hecho realidad, lo visualizas de verdad, y una tremenda confianza surge en tu interior. Ahora sabes con toda seguridad que lo vas a lograr.

    Esta última parte no sé porqué ocurre, pero es así. Mi experiencia -a lo más que ha llegado- es a percibir que si eres capaz de visualizarlo en tu mente y de sentirlo en tu corazón, tu fuerza es imparable.

    Termino con una frase de Patrick Overton: “Cuando te asomes a los límites de lo que te parece posible y tengas que dar un paso en la oscuridad de lo desconocido, ten fe en que dos cosas pueden ocurrir. O encuentras algo sólido en lo que apoyarte o se te enseñará a volar”.

    • Cuando los vientos empiezan a cambiar

    Etiquetas:

  • Fortaleza y confianza dentro de uno mismo

    Os dejo una de esas reflexiones que se hacen evidentes en mi mente de vez en cuando, y se pueden aplicar a muchas facetas de la vida:

    Ante la incertidumbre y los cambios, no tenemos por qué vivir asustados, ya que dentro de nosotros existe todo lo que se necesita para ser feliz.

    Me gusta esta frase de Anna Freud: “Siempre busqué fuera de mí la fortaleza y la confianza que necesitaba, hasta que comprendí que siempre habían estado en mi interior.”

    El futuro no nos lo encontramos definido, lo creamos nosotros. Así que pongámonos siempre, manos a la obra.

    • Fortaleza y confianza dentro de uno mismo

    Etiquetas:

  • Inolvidable regalo en la conferencia de La Zubia en Granada

    Como siempre, escribo porque siento algo dentro de mí que me empuja a hacerlo. Es una necesidad de expresar con palabras los sentimientos que rondan mi mente. Y como siempre, este artículo va para todos los que queráis leerlo, pero en especial os lo dedico con mucho cariño a vosotros, los que me habéis acompañado en la inolvidable conferencia de La Zubia en Granada, inaugurando esas jornadas tan especiales sobre “Mujer y Medio Ambiente”.

    La charla y lo que allí conté, no lo voy a escribir ahora. No, no se trata de eso. Ni siquiera de describir cómo fue, ni qué pasó, pues todo eso lo vivimos juntos. Quiero simplemente compartir con vosotros las sensaciones tan hermosas que me habéis regalado.

    Desde el minuto uno sentí una conexión especial con vosotros. Me fijaba en vuestras caras, percibía que lo que contaba os llegaba, os gustaba. Viajasteis conmigo durante la hora que duró la conferencia, sin rechistar aguantéis el frío glaciar, os maravillasteis de la belleza de las zonas polares, quedasteis hechizados con ese azul indescriptible del hielo en el interior de los glaciares, percibía vuestros ánimos cuando os hablaba de los momentos duros, fuisteis testigos de cómo hay que perseguir los sueños que cada uno tiene, de hacerlos realidad. En ese viaje que realizamos juntos, sentí un fluir de energía en el ambiente que es muy difícil de describir. Soy consciente de que el resultado fue hermoso, y lo conseguimos juntos: todos vosotros y yo.

    Vuestro aplauso infinito en la forma y en tiempo, me acarició el alma… No sabéis de qué manera, no os imagináis qué esfuerzo para contener las consecuencias de la emoción que me invadía y poder tener voz para despedirme. Vuestra apreciación que me repetíais unos y otros al finalizar, se ha quedado grabada en mi interior: “Es un paquete completo de conferencia: ciencia, aventura, deporte, investigación, exploración, filosofía de la vida, torrente de valores personales… y además humilde, risueña y con una gran capacidad de transmitir”. Yo, que soy consciente de ser un diminuto personajillo, me sentí súper halagada por todo eso que percibisteis.

    Al día siguiente, haciendo el viaje de regreso en las diferentes combinaciones de autobús, tren y autobús, tuve tiempo de continuar asimilando lo vivido. A modo de metáfora para poder expresarme más fácilmente, os diré que mi impresión es la de haberme sumergido en las aguas de un mar especial, de ser mecida plácidamente por las olas y relajada por torrentes de burbujas generadas al deshacerse esas olas.

    Pero no solo eso. Soy consciente de que en mi interior ha quedado guardada una especie de luz concentrada sanadora, que sé que la podré utilizar como bálsamo en esos momentos complicados, en esas ocasiones que tan difíciles son de superar y en las que llegas a pensar incluso en tirar la toalla. Lo sé. Me habéis entregado una esencia concentrada colmada de energía para cuando sea necesario aliviar, consolar y calmar.

    Imposible agradeceros ese regalo tan especial. Os debo una… Tendré que volver…

    Para los que no estuvisteis os dejo unas fotos con las que podéis tener unas pocas pinceladas del cuadro. Aparecen en ellas también dos personas claves que hicieron esto posible: Ana y Jaime. Este último es el presidente de la Asociación cultural y deportiva “Al borde de lo inconcebible”. Enhorabuena amigos, mantener una asociación tan viva y activa durante tanto tiempo, no es fácil. ¡¡A seguir adelante!!

    Ver galería

    Etiquetas:

  • La magia de ser siempre niño

    Me he inspirado para escribir este artículo, en las sensaciones que me llegan de muchas personas adultas. Son como grises. No se conforman con lo que tienen en ningún momento. Siempre buscan más, pero buceando y adentrándose en el mundo material. A los demás los ven siempre como sus enemigos y jamás como sus compañeros. De esta manera nunca son felices. 

    Por otro lado, el número de gente deprimida en la actualidad sigue aumentando de manera vertiginosa. Estamos en un mundo alocado que se mueve a toda velocidad y no deja tiempo para pararnos y analizar y observar y reflexionar y meditar. Aunque en realidad no es el mundo el que “no deja tiempo”, somos muchas veces los humanos quienes no queremos hacer esas paradas. En medio de esa vorágine que no me apetece describir más porque es demasiado triste, siento que esos individuos grises han olvidado a su niño interior, lo han dejado prisionero.

    Detengámonos un poco. Contemplemos a los niños. Su sonrisa ilumina de continuo su cara porque sienten la alegría de vivir. Están envueltos en una cándida inocencia. Tienen una imaginación que es su mejor entretenimiento. Están continuamente explorando y no pierden el tiempo juzgando. Si los adultos grises observasen más a estos pequeños, se darían cuenta de que lo que han perdido en el camino es justamente ese niño interior, que debería ser su compañero inseparable durante toda la vida. Si lo mantuvieran a su lado, desaparecerían tantos desánimos…

    Los niños nos recuerdan que explorar, reír, ser alegres y escuchar, son los secretos para superarnos. Estos pequeños nos invitan a confiar porque su ilusión es fruto de que perciben que lo mejor está aún por llegar. Decía el escritor Víctor Hugo: “Seamos por un instante como ese pajarito, subido a su pequeña y frágil ramita mientras canta. Aunque siente que su rama se dobla y puede llegar a quebrarse, sigue cantando porque en el fondo sabe que tiene alas y puede volar”.

    Pensemos en grande, busquemos nuestros sueños, lancemos el corazón bien alto para que sea nuestra brújula marcándonos siempre el rumbo a través de la pasión, la confianza y el entusiasmo. De esta manera tendremos fuerzas para saltar al vacío, con una clara estrategia del camino a seguir, actuando en pequeño, con metas cortas, de paso en paso, pero sin abandonar jamás.

    En pocas palabras: La magia de ser siempre niño. Asombrarse e ilusionarse con las cosas. Creer lo increíble...

    • La magia de ser siempre niño

    Etiquetas:

  • Lo imposible no existe

    Un momento en el tiempo pero una aventura inmensa en la mente. Eso es lo que guarda el instante de la fotografía de este artículo. Os cuento y me entendéis.

    En las diferentes facetas de la rehabilitación del velero a lo largo de estos cuatro años, han pasado una gran variedad de sensaciones por mi interior. Una de ellas la recoge esta imagen. Era ya historia la etapa del lijado completo del velero, del desarme de todo el interior y exterior, de los trabajos de fibra, del pintado del exterior, de la fontanería y alguna cosilla más. Me enfrentaba a la etapa de la carpintería de ribera. Lo mismo que con todos los oficios anteriores, no tenía ni la más mínima idea.

    Sentada en la bañera del velero -protegido con telas para no estropear su reluciente pintura nueva-, subo los primeros listones de madera que había encargado, ya de diferentes tamaños según a lo que pensaba destinarlos. Así sentada, saco esta fotografía, observándolos de frente y preguntándome “¿y ahora qué?, ¿puedo con esto?”. En aquel momento no sabía que esta imagen, un año después, me movería tantas cosas por dentro.

    Lo que os describo ahora no solo me ocurrió esta vez y no solo aquí en el barco, es una constante a lo largo de mi vida. No exclusivamente de adulta, ya desde niña me han acompañado estos retos que sin ser del todo consciente de ello, me autoimpongo. Ahora he comprendido que al actuar así desde pequeña, sin saberlo entonces, me he ido entrenando. Son esas circunstancias en las que afrontas retos que “parecen” imposibles.

    Según voy evolucionando y aprendiendo en la vida, cada vez estoy más convencida de que “lo imposible se puede hacer posible”. ¿Cómo? Es algo que tenemos dentro de nosotros. Un pensar y convencernos de que en realidad es posible, de que lo vamos a conseguir. Un visionarlo con todo detalle.

    Muchas veces son nuestros propios pensamientos y creencias los que nos limitan. En ese momento de la fotografía que ahora recuerdo con tranquilidad, me invadió un torrente de sentimientos de incapacidad, impotencia y desesperanza. Como mi sentir es tan intenso, me emocioné profundamente. ¡No pasa nada! Soy así y me conozco. También era consciente de que tenía que ser capaz de enfrentarme a esos sentimientos. Mi válvula de escape en situaciones así, es dejarlo todo e irme a hacer deporte. Darme una buena paliza de ejercicio físico, y si puede ser en plena naturaleza, los efectos benéficos que ello produce en mí se duplican.

    En esa ocasión de mi inicio con los trabajos de carpintería en el velero, al regresar “fresca” mentalmente de mi carrera y nado por la playa, volví a sentarme en el mismo lugar frente a la madera y la pregunta ya no fue: “¿Puedo con esto?”, sino: “¿Cómo puedo con esto?”.

    Es en esos momentos cuando se valora la efectividad de una fortaleza mental y emocional. Recordad que un ganador es un perdedor que jamás se dio por vencido. Lo primero que hay que hacer es convertir lo imposible en improbable y después lo improbable en posible. Todo ello sin perder ni la ilusión ni la confianza en uno mismo, y creyendo en nuestras propias posibilidades.

    ¡Claro! Después de esta historia, os apetecerá saber qué fue de esas maderas y otras muchas que fueron llegando a lo largo de un año… Pero el resultado os lo enseñaré, cuando ya en breve, os desvele el velero en su totalidad. ¡Creedme!, merecen la pena la paciencia y la espera…

    • Lo imposible no existe

    Etiquetas: